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Sabiduria Callejera
Subestiman el subversivo poder de la alegria quienes solo ven los puños alzados |
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Lena Zuñiga Quizás usted no cree que tenga nada de malo que su nombre, apellidos, lugar de residencia, teléfono, relación sentimental, lugar de trabajo, aficiones deportivas, gustos musicales, películas que ha visto, libros que le interesan, eventos a los que asiste, preferencias sexuales, publicaciones en Internet que lee, artículos que ha comentado, fotos de sus hijos y afiliaciones políticas estén todos en poder de la misma empresa. Eso sin contar los de sus amigos y conocidos, todas sus relaciones en un mapa claro y contundente. Simplemente no le hace parpadear ni una vez. Usted confía en la empresa. Claro, Facebook es una empresa que provee un servicio. Los 400 millones de usuarios activos están dispuestos a darle sus datos a la empresa a cambio del tal servicio. En lugar de dinero les damos información, ¿por qué habría Facebook de arriesgar a sus estimados clientes? En dos platos, porque los usuarios NO somos los clientes de Facebook. Los clientes son los anunciantes. Nosotros somos parte del paquete que se le ofrece al cliente, no de forma abstracta en categorías demográficas, sino que cada vez más en perfiles individuales y detallados, literalmente con nombre y apellido. Si no le importa la privacidad, si no tiene nada que esconder o le encanta poner datos falsos en Facebook, considere el daño que la red social hace en la “ecología” de la red. Cada vez más usuarios piensan que la Internet ES Facebook. Los usuarios nuevos, millones de ellos, no hacen nada más que interactuar en la plataforma. Y si escribir, publicar, programar y crear en Internet es jugar en el parque, hacer lo mismo en Facebook es jugar en el mall, con las reglas de la casa y los límites de una empresa con fines de lucro. Los estándares abiertos que hicieron a la Internet crecer y florecer son, de acuerdo con Facebook, cosa del pasado. Afortunadamente, se ha levantado una ola quizás minúscula pero con potencial destructivo, de gente que quiere acabar con la influencia creciente y aplastante de la mencionada red social. Un grupo de estudiantes de NYU están en el proceso de crear Diaspora, una red social en la que los usuarios estarían a cargo de su privacidad y sus datos, bajo una licencia de Software Libre. Cuando el New York Times escribió un artículo sobre ellos este 12 de Mayo, recaudaron cien mil dólares en donaciones en el transcurso de un día, diez veces más de lo que necesitaban para desarrollar el proyecto. La Electronic Frontier Foundation ha publicado varios posts sobre la política de privacidad de Facebook, en constante erosión desde el año 2005, y que en la actualidad consiste en un intrincado sistema de privacidad que obliga al usuario a considerar 50 aspectos y más de 170 opciones. Entre los usuarios, muchos sienten que algo anda mal. Cuando le digo a alguien que suspendí mi cuenta desde el año pasado, muchas veces la respuesta que recibo es: “Uy, qué dichosa, yo quisiera salirme pero no puedo”. ¿Cómo no puedo? Bueno, porque el éxito de Facebook radica en nuestra ansiedad por mantener una red de amigos y conocidos que, más que reflejar la realidad, sea mejor que la realidad. Una red donde puedo decirle a todos lo interesantes que son las cosas que hago, el buen gusto que tengo, y ser mejor amigo de todos porque en vez de llamarlos o irlos a visitar puedo enviarles una cerveza virtual o acordarme mágicamente de sus cumpleaños. Todos somos mejores personas en Facebook. Nadie quiere deshacerse de eso. |



Un día de estos 









